Griselda sonreía feliz, no esperaba que fuese esa manera como conociera a sus suegros Pero gracias a qué presenciaron tan desagradable escena ellos se dieron cuenta que el amor de esa jóven por su hijo era genuino y que en verdad sufría por qué su hermana la tenía apretada de su muñeca para no dejarla entrar al registro.
— Tenemos que darnos prisa, estamos a solo dos minutos de que sea nuestro turno, apresuremonos Ismael. — El senador Montana miraba su costoso reloj y apuraba a su amigo.