Conociendo a los señores Rossi, una hija más.
El señor Smith, Los señores Rossi, Dorian e Isabella, al ver qué la novia perdía el conocimiento se angustiaron.
— ¡Griselda, Griselda mi amor, despierta mi cielo! — El hombre cargó a su mujer y levantó su azul mirada hacia su cuñada. — ¡Si algo le pasa a ella o a mi hijo es mejor que te escondas en algún recoveco apartado del mundo por qué te lo voy a hacer pagar!
La amenazante voz del empresario hizo estremecer por unos momentos a la malvada mujer. Pero ella aún así se atrevió a decir: