Al día siguiente las niñeras se daban prisa para alistar a los trillizos. El uniforme y los zapatos estaban impecables. Solo hacía falta probarlos para que bajarán a desayunar.
El chef Romen les tenía preparado un rico desayuno. La mesa ya se estaba sirviendo cuando vieron bajar al CEO vestido de traje y con portafolio en mano.
— Buenos días señor, ¿Va a desayunar con sus hijos?
— Si. Pero primero sirvanme un café bien cargado. Necesito despertar, creo que a mí también me están dando lo