Trillizos desvelados.
Poco después, la niña despertaba pidiendo alimento, lloraba sin pararse poniéndolos nerviosos a todos.
— Sergey, la nena parece ser igual de impaciente que tú. Con decirte que a los tres meses de nacido, tú padre tuvo que darte un par de nalgadas porque te estabas ahogando al llorar. Te amabamos, por dios que sí, eras nuestro primogénito y nuestro único hijo, pero eras un niño muy difícil y malhumorado.
El llanto de la niña no cesaba, no fue si no hasta que la enfermera trajo la mamila qu