El CEO ruso recorría las calles en su costoso coche. Habían pasado cuatro años para que esté encuentro se diera. Ismael se había mantenido como un enemigo oculto, uno muy peligroso y poderoso.
El atractivo hombre conducía con sus manos enguantadas en unos finos guantes negros de piel. No era cobarde y por supuesto no tenía miedo, solo esperaba que las cosas no se pudieran demasiado feas, sobre todo por Isabella y los niños.
Seguía la dirección después de haberla metido al GPS. lo que lo