Papá, no vuelvas a perder a los trillizos.
Griselda dejó de moverse al escuchar la imponente voz del CEO Rossi. ¿Si no le iba a hacer nada por qué la llevaba a su cama?
— ¡No voy a quedarme aquí, se siente peligroso! — Bramó la jóven ojiverde.
— No soy peligroso, es solo que es más fácil para mí cuidarte si estoy cerca, te pondré en la cama y bajaré a pedir algo para cenar. ¿Peligroso yo? — El hombre dejó escapar el aire mostrando su descontento.
— ¡Auchh! — Griss se quejó al poner el pié sobre el colchón.
Ismael se preocupó y p