La pasión de los Rossi.
El asistente solamente guardaba silencio y trataba de hacerse invisible. Su estricto jefe estaba siendo llevado al límite por uno de sus trillizos. Sin embargo a diferencia de la poca o nula paciencia que le tenía a cualquier otro. Con su hijo si se esforzaba por guardar la calma.
Los ojitos grandes y azules del niño parpadeaban inocentes esperando la respuesta de su padre.
— Alexandro, Estás esperando que te responda, ¿Cierto? Dejen sus sugerencias a Enrique, él sabrá que es más adecuado