La pasión de Sergey e Isabella.
Isabella pestañeaba con sus grandes y hermosos ojos azules en dirección del empijamado hombre, su aroma masculino la atraía como una polilla a la luz.
— Mujer, ¿Dónde creías que iba a dormir, en el piso? Esta helando, ¿Me quieres matar de una neumonía? Incluso la cama está fría, si no nos damos calor mutuamente voy a morir de frío.
— Sergey, eres un hombre ruso, estás acostumbrado al frío. ¿Por qué te estás quejando como niño pequeño? ¡Deberías estar en la habitación de los niños cuando