La cigüeña no debió aceptarte la carta en la que pedías otro bebé.
Ismael había cambiado de opinión, el ruso tenía razón, el bebé era también un Rossi, así que tendría que ayudar a su no querido cuñado a que la vida de ese bebé fuera cuidada y protegida.
Mientras tanto el CEO ruso bajó a hablar con sus hijos, apenas llegó a la sala de estar pudo darse cuenta de que él pequeño Alexandro y Aleksey, estaban sollozando, ambos hacían pucheros y tenían el rostro manchado de lágrimas.
— ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué están llorando? Cuéntenle a papá.
— Papá