Caricias prohibidas.
La habitación estaba en una atmósfera de pasión y deseo, la sincronización de los dos cuerpos era perfecta. Ellos habían nacido el uno para el otro.
Isabella explotó en un delicioso orgasmo que la hizo gritar el nombre del CEO ruso. Ella estaba extasiada, había quedado satisfecha y su deseo calmado.
Sergey se corrió en el cálido interior de su mujer, dejó en ella hasta la última gota de su esencia. Era verdad que al final se había dejado llevar por la pasión y había hecho más esfuerzo de