Anya
Mientras la reunión continuaba, no podía dejar de pensar a mil por hora. Cada vez que Orion me miraba, sentía ese mismo calor en el pecho, esa misma atracción que tanto había intentado ignorar. Cada número en esa carpeta de repente parecía una prueba —no solo de mis habilidades, sino de cuánto podía soportar bajo su mando.
Apreté los puños en mi regazo. Nada de lágrimas. Nada de vergüenza. Sobreviviría a esto. Haría cada tarea que me diera, por más imposible que fuera, y no me rompería. Ot