Gabriel no durmió aquella noche.
Después de que todos abandonaran la empresa, regresó al ático llevando los tres objetos encontrados en la caja de seguridad de Michael Foster.
La fotografía.
La llave antigua.
El pendrive.
Los tres estaban sobre la mesa de la biblioteca.
Y, por centésima vez, los observaba uno por uno.
Intentando encontrar alguna respuesta.
O algún sentido.
Arthur Valença nunca hacía nada sin una razón.
Si había dejado aquellos objetos atrás, era porque creía que alguien acabarí