El convoy de vehículos negros abandonó el lujoso hotel en absoluto silencio, dejando atrás a los futuros padres, uno furioso y la otra humillada.
Dentro del automóvil principal, el Pakhan Romanov, observaba la ciudad a través del cristal polarizado.
A su lado viajaba su mano derecha, un hombre que llevaba más de treinta años sirviendo a la familia, y que conocía el carácter del hombre maduro mejor que nadie.
— No imaginé que el doctor Yuri fuera a reaccionar de esa manera, — Comentó el