Un antojo muy difícil de conseguir.
La noche había caído sobre la mansión Romanov cuando Yuri decidió que ya no quería seguir postergando lo inevitable.
Angelic estaba a su lado en el asiento trasero del automóvil, con una mano descansando sobre su vientre todavía pequeño.
De vez en cuando, sus dedos acariciaban aquella zona con una ternura de forma inconsciente.
Yuri la observó de reojo.
— ¿Estás nerviosa?
Angy dejó ver una pequeña sonrisa.
— ¿Tú no lo estarías si fueras a hablar al padre del hombre que está a pun