Un CEO demasiado protector.
El amanecer encontró a Rodrigo Ivanov, perfectamente vestido de pies a cabeza.
No había ido a la oficina, había dicho a sus asistente que llegaría tarde.
Por primera vez en mucho tiempo, había cancelado todas las reuniones de la mañana.
Su prioridad era una sola.
Katherina.
Ella salió de la habitación con evidente cansancio. Su rostro conservaba el mismo tono pálido de los últimos días y apenas había probado el desayuno.
Rodrigo se acercó de inmediato.
— ¿Lista? Ve a cambiarte,