Los primeros achaques del embarazo.
La noche cayó sobre el penthouse envuelta en un silencio inusual.
Las luces de la ciudad iluminaban los enormes ventanales mientras Katherina permanecía sentada en el borde de la cama, todavía con la carpeta del hospital entre las manos. Había leído una y otra vez el diagnóstico.
Dos meses de embarazo.
Placenta de implantación baja.
Amenaza de complicaciones uterinas.
Reposo absoluto.
Las palabras parecían clavarse en su pecho.
Sus dedos temblaban mientras acariciaba distraídam