Mía por completo.
Aquella noche, Rodrigo Ivanov y Katherina, apenas lograron separarse el tiempo suficiente para atender el suave llanto de su hijo.
— Parece que alguien decidió interrumpir nuestra reconciliación. — Murmuró Rodrigo con una sonrisa poco habitual en él.
Katherina soltó una risa cansada y tomó al pequeño Eliester entre sus brazos.
El bebé abrió sus grandes ojos verdes, idénticos a los de su padre, y estiró una diminuta mano hacia el rostro del magnate.
Rodrigo se inclinó para besar con te