Dos hombres enamorados.
El aire helado de Moscú envolvía las calles mientras Rodrigo y Katherina caminaban lentamente hacia el automóvil del CEO. Los guardaespaldas permanecían a una distancia prudente, respetando el inusual momento de tranquilidad entre los todavía esposos.
Durante varios minutos, ninguno habló.
Solo se escuchaba el crujir de la nieve bajo sus pasos.
Fue Katherina quien rompió el silencio.
— Gracias.
Rodrigo volvió el rostro hacia ella.
— ¿Por qué?
— Por no permitir que esa mujer sigu