AÑOS MAS TARDE
El tiempo, que alguna vez parecía avanzar lentamente dentro de aquellas enormes mansiones, comenzó a correr sin que nadie pudiera detenerlo.
Los bebés que habían llegado al mundo entre lágrimas, gritos, nervios y celebraciones ahora llenaban los pasillos con sus risas.
Habían crecido.
Y mucho.
Eliester ya no era aquel pequeño bebé que Rodrigo había llevado orgulloso en brazos para conocer a su hermanita.
Ahora era un niño inquieto, curioso y con una personalidad qu