Aprendiendo a ser padres.
El ambiente en la habitación quedó impregnado de una tranquilidad inesperada después de las risas provocadas por Alejandro.
El pequeño seguía cómodamente en brazos de Katherina, entretenido jugando con el cordón de su gafete de médico, mientras Rodrigo no podía dejar de observar aquella imágen.
Había visto apenas hacía poco tiempo a la brillante neurocirujana salvar vidas con una serenidad admirable, pero verla cargar a un bebé despertaba en él una emoción completamente distinta.
Aníba