Cuando Brith llegó a casa, todo estaba en silencio. Entró con cuidado, tratando de no hacer ruido, y se dirigió al salón. Allí encontró a Brihana, Amelia y Tiffany acurrucadas en el sofá, dormidas bajo una montaña de mantas. La película aún seguía reproduciéndose, pero nadie le prestaba atención.
Brith se quedó en la entrada, mirándolas. Había algo tan pacífico en esa escena que le dolía el pecho. Se acercó lentamente y ajustó las mantas para que estuvieran más cómodas.
—Eres un idiota, Brith.