Mundo de ficçãoIniciar sessãoLara lo observó con detenimiento. Parecía imposible que un humano pudiera alcanzar el tamaño y corpulencia de aquel hombre. Debía medir cerca de dos metros, y su espalda y su pecho parecían nada menos que un caparazón blindado. Su rostro era severo y adusto, pero en el fondo se le adivinaba la firmeza considerada del líder, que obliga a la fidelidad de sus hombres por respeto.
Durante un largo momento no lo reconoció, pero l







