35. EL CALOR DE SU PIEL
No creo que sea posible estar más excitada. Camino con el cuerpo de Sebastián apretado contra el mío, sintiendo con precisión la dureza que palpita bajo esos pantalones, y una oleada de orgullo me recorre. Saber que soy yo quien lo provoca de esa manera me hace sentir poderosa.
Los pasos que se acercan desvían mi atención, y al principio solo distingo una gran figura. Palabra que solo quería desquitarme un poco, pero cuando reconozco ese rostro, el corazón me da un vuelco: es Víctor Cruz, el qu