Adaline permanecía sentada en su silla, completamente inmóvil, con las manos entrelazadas con fuerza. Las tenía húmedas por el sudor, y su pecho subía y bajaba con una respiración irregular.
Aquella era su último intento… y también su última esperanza.
La noche anterior, Haris le había dicho que había contactado a varias personas, pero el resultado había sido desalentador: nadie estaba dispuesto a prestarle dinero, ni siquiera poniendo como garantía la casa de sus padres. Y quienes sí considera