Adaline se estiró con pereza, dejando escapar un leve gemido de placer, aún con los ojos cerrados. Sus manos comenzaron a tantear a su alrededor, buscando su teléfono. Normalmente lo dejaba cerca de la cama… o incluso debajo de la almohada.
Pero esta vez… no lo encontraba.
Aún somnolienta, se incorporó lentamente y se frotó los ojos. Entonces frunció el ceño.
No reconocía la habitación.
¿Dónde estoy…? se preguntó en silencio, observando los muebles que llenaban aquel amplio espacio.
Y, de pront