Él se levanta rápidamente y saca la flecha de su piel de un solo tirón, la lanza al suelo empapada de sangre. Ella ahoga un grito de sorpresa, cubre su boca con las manos y aparta la mirada. Se quita el abrigo quedando solo vestida con una corta camisola para dormir y se lo tiende al hombre, quien segundos después lo toma y se cubre con el.
—Gracias. —Al fin habla, su voz es bastante grave.
—Creí que eras mudo, o algo... —Gira hacia él, riendo porque aquello le causa gracia—. ¿Es posible que