Sera llevaba veinte minutos leyendo cuando su teléfono se iluminó.
Número desconocido.
Lo miró durante un segundo.
Después lo dejó boca arriba sobre el cojín a su lado y volvió a la página que estaba leyendo.
Lo sabía.
No habría podido explicar cómo.
El número no estaba guardado, era completamente desconocido, nada que su teléfono reconociera.
Pero algo en el momento de la llamada, casi medianoche, un miércoles, un hombre sentado solo en su estudio con una bebida que no estaba terminando, se in