CAPÍTULO 28
DEJEMOS QUE LA VIDA NOS SORPRENDA
¡Su novia!, ¡me pidió que fuera su novia!, apenas y me cabía la emoción en el pecho. A mis treinta años, divorciada, con un fatídico matrimonio a cuestas y tras jurar en repetidas ocasiones que no volvería a enamorarme nunca más, ahí estaba, emocionada cual adolescente, porque Dante me pidió que fuera su novia.
— ¡Sí!, ¡sí quiero ser tu novia! — repetí con entusiasmo. Me alzó en brazos apretándome muy fuerte.
— ¡Me haces el hombre más feliz del univ