Adriano, recogió una maleta con sus cosas de su mansión y abordó su avión privado, iría directo a las Vegas, el tiempo de vuelo le pareció eterno, su único pensamiento era rescatar a su esposa en el menor tiempo posible
Al llegar al aeropuerto un coche enviado por adela ya lo estaba esperando para llegar a la mansión que la mujer estaba ocupando, el chófer le abrió la puerta al abogado, y apenas entró a la sala de estar, Adela Cevallos, bajó las escaleras con premura
— ¡Querido, por fin