En la habitación de Adrien, las lunas, disfrutaban de su tiempo con los dos cachorros que cada día crecían más y se ponían más hermosos, ellos jugaban con unos muñecos de peluche y otros juguetes didácticos que los padres habían mandado comprar del mundo de los humanos
— ¡Adrien, Pierre, está muy hermoso, es tan parecido a Drako, ha crecido bastante desde la última vez que lo ví!
— Si, y se ha vuelto más travieso, no le podemos quitar los ojos de encima, me da mucho gusto que estés aquí