seis meses después, el cachorro ya era un lobezno más grande y hermoso, balbuceaba mucho más, incluso decía papá y mamá, agua y algunas otras palabras sencillas, estaba regordeto, sus ojos azules bellísimos resaltaban en su rostro
El lobezno se encontraba en su cuna, jugaba con unas sonajas, cochecitos y con su lobo de peluche negro, ese era su preferido, lo abrazaba y lo besaba llenándolo de baba, el padre entró provocando la euforia de su hijo
— ¡Pa...pá!
— Mi hermoso cachorro, ven