Las palabras de Nathan quedaron flotando en el aire como una promesa de más depravación, su polla crispándose profundamente dentro de mi culo mientras se descargaba, con chorros calientes cubriendo mis paredes. Me apreté a su alrededor, ordeñando cada gota, mi propio orgasmo tambaleándose en el abismo, destrozado por las implacables embestidas de Stefan en mi coño desde abajo.
La plenitud era obscena... dos pollas gruesas estirándome hasta mis límites, sus cuerpos haciendo un sándwich con el mí