Él desapareció por el pasillo y yo me serví otra copa de champán, con los nervios zumbando como cables de alta tensión. Minutos después, regresó con Nathan detrás de él.
Santa mierda.
Si Stefan era fuego, Nathan era hielo... alto, mandíbula cincelada, cabello rubio perfectamente despeinado y ojos como mares tormentosos que me desnudaron al instante. Su camisa se ceñía a un pecho que gritaba horas de gimnasio, ¿y el bulto en sus pantalones?
Prometía la ruina.
'Sultana, conoce a Nathan. Nathan, e