Kevin se movió, abriendo los ojos para encontrarse con los míos con ese brillo depredador.
—Buenos días, preciosa. ¿Lista para la segunda ronda? —Su mano se deslizó entre mis muslos, sus dedos sumergiéndose en el desastre pegajoso que habíamos hecho anoche, su semen mezclado con mi flujo, provocando mis pliegues hinchados.
—Mmm, siempre —susurré, abriendo las piernas de forma invitante. Se rodó encima, besando un rastro por mi cuello, mordisqueando el punto donde late el pulso, succionando lo s