La voz de Joaquín chirrió a través del teléfono, ajeno al caos que se desarrollaba en mi lado.
—¿Morgana? Pareces agitada. ¿Está todo bien? —Su tono era distante, cargado de esa distracción perpetua que se había convertido en la banda sonora de nuestro matrimonio.
La polla de Kevin latía dentro de mí, enterrada profundamente en mi culo, sus caderas moliendo lento y deliberado, provocando el borde de otro clímax. Su mano se cerró sobre mi boca, los dedos hundiéndose en mis mejillas, mientras su