El aliento de Rocco estaba caliente contra mi cuello, su agarre en mi muñeca era como de hierro mientras me inmovilizaba contra la valla. Los vítores de la multitud se desdibujaron en un rugido distante, pero su risa baja cortó todo, enviando un escalofrío por mi columna que no tenía nada que ver con el sudor enfriándose en mi piel.
"¿Pensaste que eso era todo, Miguel? ¿Aplastando mi culo como un capullo alfa?"
Su mano libre se deslizó por mi espalda, los dedos hundiéndose en los moratones fr