Mientras tanto en la cabaña…
Alana estaba aterrada, veía al maldito Leónidas con asco y repulsión, mientras el maldito se seguía desnudando de prisa.
__ No te atrevas a tocarme maldito cerdo, _ gritó Alana, pero cuando aquel hombre la empezó a besar, él se subió totalmente desnudo sobre ella y frotaba su cuerpo contra el de ella, después comenzó a besar sus senos, ella con mucho dolor se dio cuenta de que nadie vendría en su ayuda y en ese momento sintió la intención de Hasim de contactarla y e