CAPITULO 31

Mientras tanto en la cabaña…

Alana estaba aterrada, veía al maldito Leónidas con asco y repulsión, mientras el maldito se seguía desnudando de prisa.

__ No te atrevas a tocarme maldito cerdo, _ gritó Alana, pero cuando aquel hombre la empezó a besar, él se subió totalmente desnudo sobre ella y frotaba su cuerpo contra el de ella, después comenzó a besar sus senos, ella con mucho dolor se dio cuenta de que nadie vendría en su ayuda y en ese momento sintió la intención de Hasim de contactarla y e
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