La arrogancia de Cecilia se apagó instantáneamente, pero insistió: —tienes que quedarte en el hospital.
Había pensado que Bosco seguiría negándose, pero se limitó a permanecer sentado en silencio, sin decir nada.
El departamento de hospitalización estaba en el edificio de detrás, y Bosco iba a vivir en una habitación individual.
Preguntó Cecilia: —¿te contrato un cuidador?
—No estoy acostumbrado a que me miren los extraños mientras duermo.
—Entonces haré que esté a la puerta y podrás llamarle si