Cecilia vio a la persona que entraba, se puso severa, —señor Cabello.
Jorge, borracho, tenía una mirada lasciva, sonriendo: —señorita Sánchez.
Los ojos de Cecilia se posaron en la tarjeta de habitación que él apretaba en su mano, —será mejor que lo expliques claramente, ¿cómo has conseguido tener en tu mano una tarjeta de habitación que puede abrir mi habitación?
En realidad, no había necesidad de explicarse, debía de habérsela dado algún empleado del hotel, y ella preguntaba para confirmar el p