¡Era Bosco! Le siguió Javier, y los dos se acercaron. Era imposible confirmar su alegría e ira por la expresión.
Se detuvo frente a Cecilia, tomándole la barbilla, su mirada profunda se posó en la cara hinchada de la mujer, que tenía labios manchados de sangre.
Bosco miró hacia Jorge, que no se atrevía a mirarle, dijo: —señor Cabello, has pegado a mi gente, bueno, ¿qué vas a hacer?
Jorge, al escuchar el tono de Bosco, sintió que este asunto podía ser negociable.
Ya no estaba nervioso y sonrió: —