Salvador no vio en su rostro ninguna de las emociones que buscaba, aparte de llaneza, era indiferencia, se irguió. —papá nos pidió que nos fuéramos al extranjero en Navidad.
Bosco asintió, —Acabas de volver y estás cansado del viaje, vuelve y descansa primero, cenemos juntos esta noche.
La última frase era solo cortesía, pero después de decirla se arrepintió, la cortesía que una persona normal podría oír, pero Salvador no.
—Entonces dormiré en la sala de descanso de tu oficina.
Se calló Bosco.
E