La familia Borja no andaba corta de dinero, así que no compraba lujos ostentosos, sino cosas propias de su edad y muy prácticas.
Lidia había recibido muchos regalos, pero nunca nadie le había hecho estos, escuchando a Héctor hablar de la eficacia y el uso, solo para sentir que había puesto el corazón en todo, su impresión de él era cada vez mejor, lamentando no haber tenido otra hija en su día.
—Héctor, vienes a visitarme a menudo, ¿qué te gusta comer? Dejo que la tía Carmen de casa para hacer p