Cecilia esperó en el salón diez minutos hasta que Carlos bajó, no entró por la puerta, se quedó fuera y gritó: —Vamos.
Cecilia se levantó a toda prisa para seguirle, y hasta que no estuvo en el coche no preguntó: —¿Es Bosco?
Aunque había entre un ochenta y un noventa por ciento de probabilidades de que lo fuera, al fin y al cabo, solo era una conjetura, iba a tener más certeza si Carlos podía reconocerlo.
El hombre le enseñó a Cecilia unos pelos con folículos, —no es complicado si hace una prueb