Cecilia lo tomó, el reloj estaba bien conservado, salvo la correa de metal que se había oxidado un poco con el tiempo, apenas tenía arañazos.
Tenía más resentimiento hacia Alejandro, una extraña había logrado conservar tan bien las reliquias de su madre, ese bastardo Alejandro no podía hacerlo.
La manecilla del reloj de pulsera había dejado de moverse, presumiblemente se había quedado sin batería.
Criz la vio mirando las manecillas fuera de sí y habló: —Se ha quedado sin pila, luego lo llevaré a