Al oír las palabras de Bosco, el dolor que parecía desgarrarla desapareció al instante.
A Cecilia se le pasó un poco la borrachera, se levantó del sofá y se miró a sí misma.
La ropa de su cuerpo había sido despojada, pero sus pantalones seguían bien puestos.
Mirando de nuevo a Bosco.
—¿Qué has estado haciendo durante la última media hora?
Pensando que le debía el favor y tenía que pagar por ello, pues Bosco tenía un problema físico por ella, por eso, ella debía ayudarle.
Aunque Bosco no era un b