Cecilia sentía como si le hubieran metido ciertas imágenes en su mente, estaba tan exasperada que no dijo nada durante un buen rato, y al otro lado del auricular, Bosco tampoco decía nada, y el ambiente se volvía cada vez más ambiguo con el sonido de la respiración.
Cecilia pudo incluso detectar su aliento, que apenas se había calmado, volviéndose a ser lujurioso y provocativo.
—Bosco Borja, ¿puedes contenerte un poco, una llamada telefónica te sedujo?
La voz del hombre ya estaba apagada, —Llevo