En la mullida cama, Bosco se alzaba sobre Cecilia, con la mano presionando su hombro, casi hundiendo todo su cuerpo en ella.
Le agarró la nuca y la besó con fuerza en los labios.
El cuello de Cecilia se inclinó hacia atrás y se vio obligada a recibir sus ofensivos besos, un murmullo salía de su garganta de vez en cuando.
No había luz en la habitación, pero podían verse claramente las caras, la mujer entrecerró los ojos, en el fondo de sus ojos había un halo acuoso…
El aire de la habitación se vo