Se inclinó para revisar la tumba y descubrió que estaba sellada. Giró la cabeza para mirar al hombre detrás de ella con ira. —Bosco, hijo de puta, estás loco —.
Al escuchar esta frase, Bosco frunció el ceño con fuerza. —Cecilia, contrólate —.
Era sorprendente que pudiera maldecir palabras tan vulgares.
—Sólo te insulto y no te golpeo. Ya hago el autocontrol suficiente —. Dios sabía lo enojada que estaba ahora. —Abra la tumba. Voy a llevar a mi abuelo —.
—La tumba ha sido sellada. ¿Intentas volve