En ese momento, Lea escuchó a alguien llamando dulcemente, “Querido…”.
Entonces, Mason volteó la cabeza. Tenía una expresión gentil en su rostro.
Lea también se volteó. Una mujer joven y hermosa se acercó mientras sostenía la mano de un niño de siete u ocho años. El niño corrió y se lanzó al abrazo de Mason. “Papá…”.
Lea sintió como si un rayo le abriera la cabeza. Miró a aquella mujer y al niño con los ojos muy abiertos. Casi no podía respirar.
Si no estaba equivocada, esa mujer era la hija