Narrado por Mía Stiller
Kyler entró a pasos lentos en la suite de hotel justo en el preciso instante en que la toalla blanca de felpa terminaba de cubrir mi cuerpo aún húmedo. Su mirada azul, intensa y descarada, me recorrió detalladamente de arriba abajo, deteniéndose con marcada fijeza en el persistente tono rojizo que todavía conservaban mis mejillas debido al calor del baño y la agitación del viaje. Su sonrisa, esa línea ladeada y asimétrica que siempre prometía travesuras y un control absol